Colegio distrital Carlos Arango Vélez: siete años de espera

En cementerio de pupitres se convirtió la sede oficial del colegio Carlos Arango Vélez.
2.500 millones de pesos ha pagado el distrito en arriendo durante siete años.
Juan Carlos Flórez A. – ASI

Desde hace más de siete años la sede oficial del Colegio Distrital Carlos Arango Vélez, tuvo que cerrar por orden de la Contraloría Distrital, tras comprobarse las afectaciones en la salud que se estaban presentando por la contaminación electromagnética que generan los cables de alta tensión que pasan por encima del colegio.

Colegio Carlos Arango Vélez, localidad Kennedy, cerrado.
Foto tomada el pasado el 15 de mayo de 2014. Estos son los cables de alta tensión que pasan por encima del colegio.

Durante estos siete años, la Secretaría de Educación tomó en arriendo dos plantas físicas para trasladar a 2.162 estudiantes y garantizarles el derecho a la educación. De acuerdo con información de la comunidad educativa por estas sedes se cancelan mensualmente más de 30 millones de pesos, lo que ha generado un gasto acumulado de aproximadamente 2.500 millones de pesos. Hoy las instalaciones del colegio se encuentran abandonadas y convertidas en un gran cementerio de pupitres.

Colegio distrital Carlos Arango Vélez, en Kennedy, con una torre de alta tensión.
Foto tomada el pasado el 15 de mayo de 2014. Torre de alta tensión que está al lado del colegio.

Sorprende que a lo largo de este tiempo no ha sido posible que la administración distrital ubique un nuevo predio y reconstruya el colegio. A pesar de los múltiples anuncios y de las incontables mesas de trabajo que se han constituido, las soluciones que se plantean nunca han llegado a realizarse.

Pero sorprende más que el pasado 1 de marzo de 2014, la Secretaría de Educación anunció que, fruto de un trabajo entre la comunidad educativa y la entidad, se acordó que la alternativa más viable era la construcción de una nueva infraestructura en el predio actual.

Para contrarrestar las afectaciones por el campo electromagnético, la Secretaría de Educación tomó las recomendaciones de la Universidad Nacional así como los conceptos de Codensa, la Secretaría de Salud y la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, y decidió en consenso con el comité:

Elevar de 9 metros aprox. que está actualmente la línea sobre el colegio en la parte más baja, a 16 metros sobre el nivel del piso, ganando más distancia y mitigando la afectación del campo magnético. Lo anterior, considerando también una renovación tecnológica de las redes y sus torres que contribuye a mitigar aún más el riesgo.

Reducción del lote actual de 7.200 metros 2, a 4.872 metros 2, descontada el área de afectación que corresponde a las servidumbres de las redes, que coincide con la servidumbre igualmente de un tubo del acueducto. En el área restante es en donde se realizará el proyecto de restitución del Colegio Carlos Arango Vélez.

Colegio Carlos Arango Vélez, en la localidad Kennedy, convertido en cementerio de pupitres.
Foto tomada el 15 de mayo de 2014. Instalaciones del colegio, se convirtieron en cementerio de pupitres.

Llama la atención que el nuevo proyecto, que se construiría en el mismo terreno afectado, atendería sólo 1.800 estudiantes, dejando sin cupo a 362 estudiantes en una localidad que hoy tiene un déficit cercano a los 8.264 cupos.

Es evidente que las soluciones propuesta por la administración no son suficientes. Lo que está en juego es la salud de 2.162 niños y su derecho a la educación en un entorno apropiado. Es necesario que la secretaría de Educación tome cuando antes las medidas que permitan resolver el problema de raíz. No más pañitos de agua tibia.

Colegio Carlos Arango Vélez, convertido en cementerio de muebles escolares.
Foto tomada el 15 de mayo de 2014. La montaña de pupitres ya supera el cerramiento del colegio.

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